Las lágrimas de Egan Bernal durante sus declaraciones al ganar el Tour de Francia, nos conmovieron a todos los colombianos. Son la expresión de un campeón hecho a pulso y que cumplió con una determinación única, un sueño que superó todo tipo de adversidades.

En los últimos meses, hemos presenciado, con orgullo, cómo colombianos se llevan títulos deportivos mundiales.  El caso de Katherine Ibargüen en la Liga Diamante con sus espectaculares saltos triples y una maravillosa sonrisa, nos tiene encantados. El triunfo de Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, quienes obtuvieron el título de dobles en el templo mundial del tenis en Wimbledon, fue apoteósico y que decir de Nairo Quintana que lo vimos nuevamente triunfar en una etapa del Tour de Francia, a pesar de una crítica implacable de periodistas y la apatía de su equipo. Y por supuesto el título de campeón de la vuelta ciclística del Tour de Francia que nos dio Egan Bernal, una presea que habíamos esperado por más de 40 años.

El país entero ha vibrado con estos triunfos, se ha vestido de amarillo para celebrar. Los deportistas son el tema de conversación en cualquier reunión familiar, de oficinas, en las tiendas o en las calles donde se encuentran millones a disfrutar de sus triunfos. Son momentos de unidad y orgullo nacional.

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