Mientras que en plena pandemia organizaciones internacionales comienzan a discutir la creación de una renta básica, en Colombia ya la creamos. Se llama Ingreso Solidario, un programa liderado por el presidente Iván Duque y diseñado en tiempo récord para llegar con giros monetarios, sin condiciones, a tres millones de hogares.

En la pasada crisis, la de 1999, empezamos con la creación de Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Colombia Mayor, nuestro país se volvió pionero en América Latina en la creación de transferencias monetarias condicionadas, que no solo sirvieron de red de protección social, sino que nos permitieron reducir a la mitad la pobreza extrema.

En medio de la actual crisis dimos los primeros pasos hacia la renta básica con los giros en efectivo extraordinarios, utilizando la capacidad instalada de pago de los programas sociales existentes y como mecanismo para suplir las necesidades de los hogares más pobres. Eso ya lo habíamos ensayado y utilizado en las crisis de finales de los 90 y en la de 2008.

Otro paso fue la reciente creación del Registro Social de Hogares y de la plataforma de transferencias monetarias (Decreto 812 de 2020), que unificó bajo un mismo techo, el Departamento de Prosperidad Social, todos los programas de giros en efectivo de Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor, devolución del IVA e Ingreso Solidario, una decisión que permite mejor focalización, más eficiencia y mayor impacto de los programas sociales que llegan a las poblaciones más vulnerables de todas las regiones del país.

Esa trayectoria nos sirvió para llegar al Ingreso Solidario, un programa que beneficia a familias vulnerables, independientes y que viven de la economía informal, que hasta este año no estaban ningún programa social del Estado, usando la tecnología y bancarizándolas. Este es un paso definitivo hacia la renta básica, pues consiste en hacer giros monetarios no condicionados que empoderan, brindan autonomía, independencia y seguridad a los hogares frente a su economía.

En ese mismo sentido, y en línea con la evidencia esbozada desde la década de los 70 por diversos estudios y ejercicios de implementación en diferentes regiones del mundo, el Ingreso Solidario es más eficiente en términos operativos, pues evita las burocracias que normalmente se crean para cuidar los programas sociales y verificar el cumplimiento de requisitos. Tampoco constituirá un factor de dependencia del Estado, sino que servirá de impulso para que muchos ciudadanos puedan poner en marcha las acciones que tenían aplazadas en lo personal, lo académico, lo familiar o lo laboral; incluso para hacer realidad sus emprendimientos. Además, sirve para reactivar la demanda, un factor clave para revertir los efectos del frenazo que representó, para todos, la llegada del nuevo coronavirus. Por todas estas razones, el presidente Iván Duque extendió este beneficio hasta diciembre de 2020, logrando que cada una de esas familias reciban este año $ 1’440.000, en nueve giros.

Así las cosas, la discusión en este momento no deber ser ‘renta básica ya’, sino cómo le damos sostenibilidad a Ingreso Solidario, de manera que se convierta en el pilar de todos los programas sociales de Colombia, y nos permita seguir haciendo giros en efectivo focalizados, teniendo como referencia no solo el Sisbén, sino las otras características de las poblaciones. Es decir que podamos tener un esquema que incluya giros con y sin condiciones; unos permanentes y otros temporales. Por ejemplo, permanentes para las personas mayores y temporales para los informales. Hacer de Ingreso Solidario una renta mínima para la protección social.

Diego Molano Aponte
Director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República

Fuente: eltiempo.com